Valderredible y el Monte Hijedo.
Área que tras la profunda migración
humana del campo a la ciudad ha recuperado
espectacularmente sus bosques,
principalmente de robles y hayas. También
hay que destacar los cortados calizos del
comienzo de los cañones del Ebro, donde
abundan las grandes rapaces, así como las
áreas esteparias del Páramo de la Lora.
Los Ríos. Casi todos los tramos medios
y altos de los ríos cántabros, como
el Asón, Agüera, Nansa, Deva, etc., están
declaradas como LIC (Lugar de Interés
Comunitario) por sus bien conservados
sistemas riparios donde todavía se pueden
observar nutrias, martines pescadores,
truchas y salmones.
Las áreas montañosas del occidente
cántabro. En las áreas más montañosas
de los valles del Saja, Nansa y Liébana
se encuentran sierras, arroyos, pastizales
y montañas de gran importancia natural,
declarados ZEPAS y LIC. Aquí todavía los
osos, lobos y águilas reales –entre otros–
conviven con los sistemas tradicionales
ganaderos basados en el aprovechamiento
de los pastos de montaña por la vaca
tudanca. En el pueblo de Puente Pumar
existe un pequeño centro de interpretación
donde el viajero puede recibir información
de primera mano sobre los valles
del Saja-Nansa (teléf. 942 714 071).
Bahía de Santander. La bahía era sin
duda el estuario más amplio y rico de
todo el norte peninsular; existen áreas
muy interesantes que conocer, como son
las marismas de Alday, el sistema dunar y
playas de Somo o la ría de Cubas. Merece
la pena tomar la lancha de la Pedreñera
–en pleno Paseo de Pereda de Santander–
para conocer estas zonas a la vez que
tener una visión diferente de la capital
cántabra.
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